Ataque a la autogestión en Italia – EL DELITO DEL TRABAJO AUTOGESTIONADO

rimaflowadmin 7 dicembre 2018 Commenti disabilitati su Ataque a la autogestión en Italia – EL DELITO DEL TRABAJO AUTOGESTIONADO

Da AUTOGESTIÓN-Para otra economia/N°7 NOV 2018/ Rivista Argentina

Ataque a la autogestión en Italia

EL DELITO DEL TRABAJO AUTOGESTIONADO

La fábrica recuperada italiana RiMaflow, en las afueras de Milán, ha sido objeto de un ataque judicial sin precedentes, al relacionarla con un proceso contra actividades mafiosas y ser detenido su presidente, Massimo Lettieri, y congeladas las cuentas de la cooperativa. Llamativamente, poco después de este golpe recibieron una orden de desalojo impulsada por un banco que tiene la titularidad de los terrenos. La cooperativa, una de las más activas en el movimiento de autogestión europeo, lucha por su supervivencia.

ANDRÉS RUGGERI

“Si trabajar es un delito, arréstennos”, dice un enorme cartel en la puerta de la fábrica recuperada italiana RiMaflow. Como una profecía desafortunada, eso fue lo que sucedió el 26 de julio pasado, cuando Massimo Lettieri, presidente de la cooperativa ubicada en Trezzano sul Naviglio –en las afueras de Milán–, fue detenido y puesto en confinamiento solitario en una cárcel de Sorrento, en el otro extremo del país. Massimo, uno de los líderes de la RiMaflow junto con el histórico dirigente metalúrgico Gigi Malabarba, fue acusado ser parte de una estructura mafiosa dedicada a negocios ilegales con el reciclado de residuos, una de las tantas actividades que se realizan en la cooperativa que alberga a decenas de emprendimientos, tanto colectivos como individuales. En Italia, las leyes antimafia son rigurosas e inflexibles, y caer bajo una acusación de ese tipo lleva a largos y complicados procesos. La detención cayó como una bomba sobre los trabajadoresy trabajadoras de RiMaflow y nde todo el movimiento de autogestión italiano, un golpe demoledor a la más combativa de las fábricas recuperadas de la península en la persona de uno de sus principales referentes. También fue un golpe en lo económico. Las cuentas de la cooperativa fueron embargadas y la múltiple actividad de RiMaflow se vio paralizada de repente. Aunque Massimo fue el único detenido, todo el colectivo de trabajo entró en un cono de sospecha. La acusación era gravísima y ponía en riesgo no solo la libertad de su presidente y el trabajo de 120 personas, sino la legitimidad de una lucha de años, quizá la más consecuente de todo el movimiento autogestionario italiano. Irónicamente, RiMaflow era una de las organizaciones de la zona más activas en la cooperación con las organizaciones que trabajan en la recuperación, bajo modalidades colectivas y de bien público, de propiedades expropiadas a los mafiosos. Aunque la mafia quedó asociada a historias como las de la película “El Padrino” y a las mzonas del sur de Italia, la realidad es que sus organizaciones están muy activas en el norte, y especialmente en la zona donde se ubica RiMaflow en los alrededores de Milán. Estas circunstancias hacen que la acusación tenga un soporte real que la hace más peligrosa aún.

LA CIUDADELA DE LA AUTOGESTIÓN

Los propios compañeros de Massimo debieron moverse con cuidado porque, estando convencidos de que en realidad se trata de una acusación política por la ocupación de la fábrica, está envueltaen un hecho mafioso real. La zona donde se encuentra la planta es conocida por las amplias ramificaciones de la mafia calabresa, la n’dranghetta, que hace ya bastante que es más poderosa que las mafias tradicionales de Siciclia y Nápoles y se ha expandido a sectores y regiones por fuera de los circuitos habituales en el sur. En los primeros momentos, los compañeros de Massimo eligieron moverse con cuidado porque la acusación era, además de grave, políticamente venenosa, pues no es lo mismo denunciar una persecución política por un conflicto o una detención en una manifestación o una toma, que por un tema de delincuencia organizada que tiene gravísimas penas en Italia. Más aún cuando la red con la que se vincula a Massimo es una red mafiosa real. Cualquier equivocación en la estrategia podía llevar a empeorar la situación del detenido y a la clausura total de las actividades de la cooperativa.

RiMaflow es una de las pocas empresas autogestionadas italianas que se reivindica como “fábrica recuperada”. La fábrica original, Maflow, formaba parte del otrora pujante complejo automotriz del norte de Italia, dedicada a la fabricación de autopartes para autos de alta gama, principalmente BMW. Después de un largo conflicto fue comprada por un empresario polaco que desmanteló la fábrica y se llevó la maquinaria a Polonia, logrando un acuerdo con uno de los delegados. Massimo, el otro delegado de los obreros, ocupó la planta con unos 20 compañeros y el apoyo de Gigi Malabarba, un histórico dirigente sindical de la Alfa Romeo, que se convirtió en el otro referente de la experiencia de RiMaflow. A fines del año 2013, lo que parecía una locura se había convertido en lo que llamaron la “ciudadela de la autogestión”, una amplia plataforma de actividades laborales, desde un mercado del usado hasta el reciclaje de distintos materiales industriales y trabajo especializado de reparación y mantenimiento industrial. Decenas de personas, con el núcleo de obreros encabezados por Massimo Lettieri a la cabeza, utilizaban los galpones vaciados por la patronal para desarrollar todo tipo de trabajos. Uno de los más característicos fue la producción del propio limoncello de la Rimaflow, llamado Rimoncello, hecho a partir de los limones de la finca recuperada y autogestionada Mondeggi, cerca de Florencia.

Junto a distintas organizaciones de toda Italia formaron la red Fuorimercato, de comercialización en espacios comunitarios de productos de la autogestión. RiMaflow se convirtió en el centro de este circuito. A esta altura, al grupo original se le habían sumado decenas de personas que trabajaban en los distintos emprendimientos que tenían sede en la citadella. La vieja fábrica ya no funcionaba, pero en su lugar había surgido un vibrante centro de trabajo autogestionado, dando una respuesta concreta al problema del desempleo mediante la autogestión, algo que, evidentemente, comenzó a molestara los factores de poder ocales. Entre ellos, el municipio hostigó con resoluciones que obligaron a cerrar el mercado del usado y otras actividades, yel banco Unicredit, que se había quedado con los terrenos después de la quiebra de la empresa, empezó a endurecer su posición.

ATAQUE POLÍTICO-JUDICIAL

La detención de Massimo cuando visitaba a su familia en el sur de Italia fue acompañada de allanamientos, clausuras y un embargo a las cuentas de la cooperativa. Las leyes antimafia son especialmente duras en Italia, y la situación del presidente de la cooperativa, igualado con otros ocho detenidos con vínculos claros con las organizaciones de la delincuencia, se agravaba a medida que avanzaba el proceso. La relación de RiMaflow con el acusado de actividades mafiosas con el tráfico y tratamiento de los residuos era, en realidad, la misma que con decenas de emprendimientos que acuden a la cooperativa para desarrollar sus actividades, una relación comercial que, en este caso, aparecía además como ambientalmente sustentable, y a la que daban cobijo como una forma de defender y promover el trabajo, tal cual lo puede hacer aquí una fábrica recuperada o cualquier experiencia de la economía social o popular.

Gigi Malabarba explica que ellos defienden la honestidad de Massimo y la cooperativa y su inocencia absoluta en relación a la acusación, aunque reconocen que no siempre sus actividades económicas respetan todos los procedimientos administrativos que exige la burocracia. “Nosotros nos declaramos culpables de no haber cumplido con ciertos requisitos administrativos”, explica, “porque como defensores del trabajo priorizamos dar lugar a los trabajadores para cumplir con la tarea social y política de que no se conviertan en desempleados. Defendemos nuestra posición como una posición política, aunque no hayamos cumplido con todos los requerimientos de las leyes”. Con este argumento, finalmente se logró que Massimo, después de dos meses de aislamiento a mil kilómetros de su domicilio, fuera trasladado primero a una cárcel en Milán y, a los pocos días, se le concediera el arresto domiciliario. Esto permitió a los trabajadores mirar el futuro con más optimismo, buscando una condena leve que le permita lograr la libertad a cambio de algún tipo de trabajo social.

Como si faltara poco, a escaso tiempo de la detención comenzó una ofensiva judicial contra RiMaflow por parte del banco Unicredit, que es el titular de los terrenos de la planta y con quien la cooperativa venía negociando en relativamente buenos términos hasta ese entonces. ¿Demasiada casualidad? Los trabajadores no lo pueden comprobar, pero sospechan que hay una relación entre ambos hechos. Ahora, hay un desalojo pendiente que deberán resolver en condiciones más difíciles que antes, pues la sombra de ser una “actividad ilegal del crimen organizado” ha sido proyectada sobre una de las más vibrantes expresiones de la autogestión del trabajo en Italia y en Europa. Por ahora, la lucha continúa. En una Italia que retrocede a niveles de autoritarismo que empiezan a preocupar, con un gobierno supuestamente “antisistema” que solo se ha revelado “antimigrantes” y que ha formado causa común con todos los movimientos y gobiernos de la extrema derecha europea, la resistencia de RiMaflow es más simbólica aún que antes. RiMaflow es autogestión, economía solidaria, solidaridad con los trabajadores migrantes, resistencia y lucha que se proyectan mucho más allá de la planta recuperada de Trezzano sul Naviglio. Como dicen los carteles en la puerta de la fábrica: ¡RiMaflow vivirá!

 

 

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